jueves, 23 de julio de 2015

El taller de imanes

El otro día una de nuestras monitoras veteranas se emocionó sin motivo aparente durante la realización de uno de los talleres.
Los que ofrecemos en el campamento son, sencillamente espectaculares. No por lo que hagan, que eso incluso hay algunos, no muchos, que nos ganan en creatividad y recursos; sino porque en su diseño y planificación hay monitores de muchísimo nivel que tienen diseñado un programa pedagógico tras ellos. Los niños no lo saben pero lo que hacen responde a una intencionalidad, a un desarrollo de capacidades que sabemos ellos tienen.
El taller de imanes se lleva a cabo con una plastilina y cola especial que se endurece para concretar la forma que los chavales han querido llevar a cabo. En ella se les pidió que se expresasen, de forma que tuvieran que desarrollar el arte de poner palabra a lo que somos y tomar conciencia de ello.
Siendo imán de cocina, nos aseguramos que quedará como recuerdo cotidiano de lo vivido y como forma de que el campamento siga siendo escuela en los días de otoño o de invierno en los que la rutina a veces amenaza con hacernos olvidar la suerte que tenemos.

Y entre amasados, colores y música alegre de fondo, la monitora, de repente, vive la preciosa y sobrecogedora experiencia de saber que lo contemplado conecta de una forma insospechada, mágica, con algo ya vivido.
En un momento de silencio, se separa de la actividad para que su memoria le conduzca en un viaje hacia la conexión vivida. Y la monitora regresa a un taller que también fue de imanes, hace mucho tiempo, en otro campamento de la parroquia, en uno de los primeros que se organizaron...
Y el taller de imanes se convierte en una toma de conciencia del paso del tiempo, de los cambios, de las pérdidas, pero también de lo que permanece y de lo que no podía sospecharse.
Y para la monitora el balance se torna regalo. Porque no son solo los imanes los que permiten la conexión. Muchos de los monitores de aquél taller siguen presentes en este. Pero, como fuente de la emoción y de las lágrimas contenidas, los imanes se convierten en testimonio de que Dios preside la historia.
Varios de los que entonces daban forma torpemente a sus sueños, reflejados en piezas de arcilla, ahora están de pie, moviéndose entre las mesas, como monitores de niños que entonces a lo mejor ni habían nacido.

Y se cierra un ciclo. Lo que era ya no es, pero sigue siendo. Los que aprendían ahora enseñan. Los que recibían ahora dan.
Tienen cierta razón los que defienden el carácter cíclico de la vida, que lo que es ya fue. Que lo que será ya está siendo. Aunque en la mayoría de los casos estos argumentos se utilizan para invitar al inmovilismo, a no "gastar" fuerzas en lo que está determinado. A la burguesía del siempre ha sido y será así.
Hay ciclos. Pero los hay fértiles y los hay estériles. Y para los fértiles hay que decidir, arriesgarse, invertir... Solo así las cosas son lo que han sido siempre y lo que tienen que ser.
Y la monitora emocionada certifica que lo que era ahora es y, lo que es más importante, estamos en la absoluta certeza de que dentro de unos años, los que hoy hacían imanes serán los que enseñen a otros.
Imanes que recuerdan a los niños durante el año la experiencia del campamento. Y a los monitores que hay experiencias con un atractivo irresistible.
Que las cosas sean lo que tienen que ser. Que sean cíclicas, pero fértiles. Que así sean de Dios.


3 comentarios:

  1. Bonita reflexión la que Has compartido. Gracias Josema.

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  2. Se ve que la están pasando fenomenal en el campamento y dejeará una bonita semilla en cada uno de todos los que participan.
    Por favor no olvides las coordenadas para llegar el domingo y compartir ese día con todos.
    Muchas gracias

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  3. Sí, parece que están teniendo una gran experiencia. Muchas gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

    Y abundo en lo que dice Javier Boo: Por favor, por favor, por favor, mandadnos las coordenadas que no lo encontramos en Google de ninguna manera...

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